PARA QUÉ SIRVE

Una carta bien escrita hace que el cliente pida con ganas, entienda por qué un plato vale lo que cuesta y se acuerde de él cuando vuelva.

El de enfrente puede copiarte un plato. Tu carta, no.

PARA QUIÉN ES

Para restaurantes, gastrobares, tabernas, marisquerías, coctelerías, cafeterías, chiringuitos y hasta churrerías que quieren una carta a la altura de su cocina.

Y para todo establecimiento que sepa que una carta escrita con mimo y al detalle vende más y mejor.

QUÉ ESCRIBO

Carta de entrantes, principales y postres, carta de vinos, carta de licores y destilados, carta de puros, menús de grupo, menús del día.

Cada una tiene su lenguaje. Una carta de vinos habla de uva, zona y crianza; una de postres, de textura y dulzor; un menú de grupo presenta varias propuestas cerradas, cada una con sus platos y su precio, y tiene que quedar claro a primera vista qué distingue a cada una.

CUÁNTO CUESTA

Carta completa, 25 platos: 950 €

Hasta 25 platos, con su nombre y su descripción
Los textos de cada sección
La presentación de tu carta: el concepto, el chef y la cocina
Tres rondas de cambios

Si tu carta es más grande o quieres sumar vinos, licores o menús de grupo, de terraza o la que necesites, te paso un precio cerrado antes de empezar.

Antes

En la hoja de cálculo ponía: LUPONDE STATE GFOP – BIO (TANZANIA).

Después

Noches de Tanzania. Nuevo té negro orgánico, cultivado en las colinas frías de Luponde. Ofrece un licor dorado con perfumes florales de la región. Un té de alta calidad con clasificación GFOP. Un té vitalizante para tomar a diario.

Mismo té. Uno se lee como un código de proveedor. El otro se pide.

QUÉ HICE

Escribí una carta de tés premium de 48 páginas.

Primero expliqué el concepto, el valor del origen y qué hace que un té sea premium. Luego ordené los tés por familia, del negro a las infusiones, con una introducción para cada una. Les puse nombre y escribí sus descripciones: el origen, el perfil organoléptico y, además, con qué tarta acompañarlos.

Ver cómo trabajo

Cómo funciona

Una conversación

Por videollamada o en tu local, como prefieras. Pregunto y escucho cómo hablas de tu cocina.

Escribo

Ordeno la carta, nombro los platos y redacto cada descripción.

Lo ajustamos

Tres rondas de cambios. Te entrego un documento limpio, listo para maquetar.

Preguntas frecuentes sobre la redacción de cartas para restaurantes

¿Cuánto tarda?

Entre 5 y 7 días laborables desde la contratación.

¿Cuántas páginas y palabras tiene?

Las que necesite tu carta, ni una más. Un plato de diario se cuenta en una línea; uno con historia, en tres o cuatro. Antes de empezar te digo cuánto va a ocupar.

¿Me haces una carta corta?

Sí. Una carta corta no es una carta pobre: con pocas palabras bien elegidas se pide igual. Muchas veces, mejor.

¿Cómo me la entregas?

En un documento ordenado por secciones, con cada plato en su sitio y su precio. Tu diseñador solo tiene que colocarlo.

¿Me sirve para la web?

Sí. El texto es tuyo: úsalo en la carta impresa, en tu web, en la carta digital con QR o en tu ficha de Google.

¿Y si mi carta tiene más de 25 platos?

Te paso un precio cerrado antes de empezar, según el número de platos y secciones. Sin sorpresas al final.

¿Y en otros idiomas?

Escribo en castellano. Para catalán e inglés trabajo con traductores de confianza o jurados cuando hace falta.

¿También diseñas la carta?

No, y es a propósito. Me dedico solo a las palabras, que son las que deciden qué se pide. Te entrego un documento final, ordenado y listo para tu diseñador o la imprenta.

¿Vienes al local?

Si quieres que vaya, voy. El desplazamiento y, si hace falta, el alojamiento corren de tu cuenta. Si no, lo hacemos por videollamada y funciona igual de bien.

¿Te reúnes con mi equipo?

No. Muchas manos en un plato hacen mucho garabato o, como dicen en inglés, too many cooks spoil the broth (demasiados cocineros estropean el caldo). Escribir es un trabajo en solitario, no una sesión de ideas. Trabajo con una sola persona, tú o quien tú elijas de tu equipo, y sobre una carta ya decidida: los platos y los precios los pones tú. No hago asesoría gastronómica.

¿Sirve para alta cocina?

Sí. Ahí la carta pesa todavía más: menos platos, cada palabra cuenta.

¿Haces escandallos, ingeniería de menú o alérgenos?

No. Eso es otro trabajo, el de un consultor gastronómico o el de tu propia cocina: calcular cuánto cuesta cada plato, cuánto te deja y qué lleva. Yo no hago números. Yo hago que se pida. Si ya tienes esos datos, mejor: escribo sobre una carta que ya sabe qué le conviene vender.